Crisis. Entrevista con Rosa Calvet

Marta Berenguer


Marta Berenguer

CRISIS: ENTREVISTA CON ROSA CALVET1

“El análisis pone en crisis las identificaciones fundamentales de cada uno de nosotros. ¡Ahí podemos decir que el psicoanálisis es amigo de la crisis!’
“Vender que todo irá a mejor es una estafa, una verdadera estafa”

Crisis, crisis, crisis. La crisis parece estar por todas partes. Se cuela en artículos de periódico, en el cine, en la calle, en conversaciones de sobremesa, quizás se escuche a menudo a un lado y al otro del diván. Bajo este significante, convertido ya en un cajón de sastre, parece que cabe todo.

¿Pero a qué nos referimos exactamente cuando pronunciamos esta palabra? Jacques-Alain Miller nos da una difmición y una clara orientación en una entrevista a la revista Marianne: “una crisis es lo real desencadenado, imposible de dominar”. ¿“Crisis” sería, pues, una de las maneras de nombrar lo real de nuestro tiempo? ¿Qué puede decir el psicoanálisis sobre este tema? Las XVI Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis llevan por título “Crisis”. ¿ Qué dicen los psicoanalistas? Desde Freudiana hemos querido conversar con una de ellas.

Rosa Calvet es psicoanalista en Barcelona, AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, miembro de la ELP y docente desde sus inicios del Instituto del Campo Freudiano. Desde su experiencia clínica pero también subjetiva nos hace vislumbrar de qué manera se pueden leer las diferentes crisis que cifectan al sujeto contemporáneo. Hablamos de Freud, de Lacan, de Hamlet, del fenómeno de El Niño y de unas palabras del escritor Ceorges Perec que apaciguaron una experiencia de lo que para ella se puede nombrar con esos seis fonemas. Quizás podríamos llegar a la conclusión que la crisis no existe o, en cualquier caso, que cada sujeto nos podría hablar de la suya, de las suyas, de su singular manera de nombrarlas. ¿Es eso posible?

–“Crisis. ¿Qué dicen los psicoanalistas?” es el título de las XIV Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Crisis no es, propiamente, un concepto psicoanalítico. Jacques-Alain Miller, sin embargo, en una entrevista que le hacen en la revista Marianne, afirma que el psicoanalista es “amigo de la crisis”. ¿Cómo va su amistad con esta?

-Tendríamos que hilar muy fino en relación con lo que quiere decir amigo, pero es cierto que el psicoanálisis nace de la crisis. De dos crisis, para ser más concretos. Por un lado, de la crisis de un régimen, de un discurso del amo, del lazo social de la época. Por otro, de una crisis del saber médico. Si leemos textos de Freud de finales de 1890, Estudios sobre la histeria, por ejemplo, nos podemos preguntar: ¿cómo empieza Freud a articular la cuestión de la histeria? Dice: “si por aquí no pasa una conexión nerviosa, no puede haber una astasia-abasia”. Cuando en ese contexto hablamos de crisis de un discurso no nos referimos solamente a una crisis política o a lo que llamamos l’Ancien Régime. Se trata de la crisis de los saberes. En la Viena de Freud, también la medicina estaba en crisis, no digamos ya el mundo del arte. Si tenemos en cuenta que el psicoanálisis nace de ellas, podemos decir que es verdad que es amigo de las crisis. Otra cosa sería hablar de los psicoanalistas. De ellos tendríamos que hacerlo uno por uno.

-Más allá del ámbito social y centrándonos en la subjetividad, ¿qué diría Rosa Calvet sobre la noción de crisis?

-Puedo hablar de una crisis que me aconteció a mí. Hablaré de esta crisis porque, como muy bien dices, el significante crisis no es un semblante operativo del psicoanálisis y ahora hablar de crisis es como hablar del tiempo.

Yo llevaba bastantes años en análisis y varias veces había hablado de un dicho de la mujer que fue mi madre. Siempre hablaba de este dicho en tono de chiste y de burla. Era un dicho de mi madre que apuntaba a un ser mujer. Por decirlo de algún modo, yo me presentaba como algo alternativo a este discurso de mi madre. Con alternativo no me refiero en relación con ella imaginariamente, sino que mi orientación de vida, de ser mujer, era otra. Era, sin embargo, una identificación fundamental, pero como no era imaginaria yo no tenía la menor idea. En el momento en que esa identificación cayó de una manera contingente por un dicho inesperado experimenté -no sé exactamente como lo podríamos llamar- un acontecimiento de cuerpo. El caso es que mi cuerpo no era el mío, ¡no lo era! Me levantaba por la mañana y tenía que arrastrar un cuerpo que me era totalmente ajeno.

-¿Y qué decidió hacer?

-Todo eso ocurrió durante una época de vacaciones. Como yo estaba en un estado catatónico -sin querer ofender a los catatónicos-, decidí que lo que me convenía y necesitaba en ese momento era ponerme bajo el discurso del amo, bajo un discurso reglado. Llamé a una amiga de la época y le conté la situación en la que me encontraba. Esta amiga vivía en una cotidianidad familiar, en un discurso realmente reglado: desayuno, comida, cena, marido, hijos, criada, ir a ver a la suegra cada tarde. Yo creía que al ir a visitarla podría recuperar algo de este cuerpo que me era extraño. Pero como la contingencia siempre decide por nosotros, cuando iba a tomar el avión para ir a pasar estas vacaciones, entré en la librería del aeropuerto y me compré el libro de Georges Perec, Un hombre que duerme. Empecé a leerlo en el avión y allí, en las primeras páginas, encontré realmente descrita la situación en la que me encontraba. Entonces me dije: “si esta situación puede pasar a la escritura, se puede salir de esto”.

-¿Un momento de crisis?

-Tal como yo la entiendo, esta es una crisis. Es lo que produce un psicoanálisis. De pronto, cae una identificación que es fundamental, de la que ni tú ni tu psicoanalista sabíais nada. Esa es para mí una crisis producida por el hecho de estar en análisis. El análisis pone en crisis las identificaciones fundamentales de cada uno de nosotros. ¡Ahí sí podemos decir que el psicoanálisis es amigo de la crisis!

-Quizás no dicho explícitamente así, pero la palabra “crisis” acompaña al psicoanálisis desde sus inicios. “Crisis” podría venir a renombrar o caracterizar lo que Freud llamó “trauma”. Teniendo en cuenta el descubrimiento freudiano, ¿dónde se sitúa el origen de una crisis subjetiva?

-Lo que hace Freud es producir un agujero en todos los discursos: el discurso del amo, el discurso universitario, etc. Además, descubre e inventa -es un invento de él- el discurso histérico. Lo que allí se produce es una vacilación de todos los semblantes de la época. Cuando hay una vacilación de los semblantes se pueden dar dos cosas: o bien una desestabilización del fantasma -el fantasma está sostenido por los semblantes y la condensación de esto que es el objeto-, o un trauma.

-¿Cuál sería la diferencia?

-La diferencia es que un trauma es el vacío radical de sentido; ahí no hay semblantes que vacilan. Por otro lado, a esos semblantes que nos sostenían no forzosamente los podemos equiparar a trauma. ¿Crisis es un nombre del trauma? Tú dices que la palabra “crisis” la podríamos hacer equivaler a “trauma” Yo digo que no la podemos hacer equivaler según una ecuación crisis = trauma. La crisis de una determinada edad, por ejemplo, no es un trauma, es más bien una crisis. La crisis de una relación amorosa puede convertirse en un trauma, pero de entrada no tiene por qué ser forzosamente una crisis en cada ocasión ni para cada ser dicente.

-Me refería al trauma relacionado con un doble movimiento. Un trauma fundado en dos tiempos que no tienen por qué ser lineales o tener una clara relación de causa-efecto entre dos eventos. La respuesta que se da a esos momentos de crisis que evoca es siempre singular y puede estar -o no- conectada con el trauma fundamental, con el origen.

-Una crisis actual puede reactivar el trauma inicial. En eso estoy de acuerdo.

Sin duda puede reactivarlo, aunque los sujetos no viven todas las circunstancias de la misma manera. Estuve unos años viajando a Nicaragua. Mi estancia coincidió con un momento de crisis: la llegada de El Niño, una especie de huracán que arrasó con todo. ¡Literalmente con todo! En ese momento yo estaba dando seminarios de psicoanálisis en una universidad del norte. Había gente que fue muy feliz durante esa crisis. La directora de la universidad, por ejemplo, estaba muy contenta. A pesar de las circunstancias y que permanecieron allí unos diez días incomunicados, se creó un clima amistoso. Durante esos días esa mujer no veía a su marido, al cual no quería y no tenía valor para dejarlo. Me decía que había sido muy feliz durante aquellos días. No fue la única. Había niños que me contaban que se habían divertido un montón lejos de sus familias. En este ejemplo es donde podríamos tal vez entender una frase de Lacan que tantas veces se lee de manera demasiado lineal: “de la posición de sujeto cada uno es responsable”. No se trata ni del bien, ni del mal. Nada de todo eso. Había gente que en una crisis como la de El Niño fue muy feliz y otra que, evidentemente, pudo ser muy traumatizada.

-Freud en El malestar en la cultura nos argumenta la tesis de que el ser humano está sometido a tres fuentes de sufrimiento: el cuerpo, la acción de la naturaleza y la relación con los otros. ¿Coincidirían estas tres fuentes con importantes momentos de crisis para un sujeto?

-El cuerpo y los semejantes. Tenemos, por ejemplo, el caso paradigmático de james joyce. Él lo escribe. Recibe una paliza de sus semejantes y ¿qué le pasa con el cuerpo? El cuerpo se va a su aire. Ahí tenemos un momento de crisis al que tendríamos que llamar de desanudamiento. Un momento en el que se ve la falla del nudo entre el cuerpo, los semejantes y la naturaleza. La naturaleza entendida como el discurso que vivimos en cada época que nos toca vivir. Pero el discurso sobre la naturaleza también cambia. Es verdad que puede darse una coyuntura de los elementos. El cuerpo en relación con los semejantes y algo de un discurso que produzca una crisis verdadera.

-Estos sufrimientos y malestares se encadenan con el hecho de que somos seres hablantes. Sin el habla, sin el lenguaje, la historia sería muy diferente. ¿La entrada en el campo del lenguaje es para un sujeto una de sus primeras experiencias de crisis?

-Hasta que no se está bien asentado en la significación fálica no se puede hablar de crisis. Es decir, tendríamos que pensarlo retroactivamente a partir de la significación fálica. Lo que sí es verdad es que la entrada en el lenguaje implica siempre una castración. Si te fijas en el laleo de los niños pequeños su aparato fonatorio está preparado para hablar cualquier idioma del planeta. El hecho de estar en contacto con los semejantes hace que todo eso se pierda. El laleo se pierde al entrar en la palabra de una lengua en particular. ¿Cómo se va a resignificar esto? Dependerá de cada sujeto. Un sujeto puede conocer veinte idiomas, mientras que otro es incapaz de aprender uno. Hay personas para las que enfrentarse a cualquier lengua que no es la suya es una amenaza de castración que les produce una inhibición paralizante y todo tipo de síntomas. La entrada en el lenguaje, pues, puede ser un momento de crisis. En cualquier caso, es la elección forzada. Para alienarte al lenguaje, tienes que ceder algo del ser, algo del goce dellaleo, en este caso. Entrar en el lenguaje es siempre una pérdida de goce. ¿Podemos llamar crisis a esa pérdida? Me cuesta responder con una aserción rotunda.

-Para entrar en el campo del lenguaje un sujeto experimenta, de buen principio, una paradoja. Por un lado debe alienarse al campo del Otro; después, a lo largo de su vida, vivirá momentos de separación de ese Otro: desde el destete, hasta la pérdida de seres queridos. ¿Qué relación con las crisis tienen estos momentos de separación?

-Un momento de separación es siempre un momento de privación de algo, ya sea de un objeto ya sea de una identificación que hasta aquel momento estaba en el campo de la satisfacción. En cualquier caso se produce una privación. ¿Que esta privación sea vivida como una crisis? Es que claro, crisis puede ser un cajón de sastre.

-Es verdad. ¿Quizás con un ejemplo se entienda mejor?

-Pongamos un ejemplo. Podemos tomar -yeso es clínico y verificable todos los días- la metamorfosis de la pubertad que ahora se llama crisis de la adolescencia. Es evidente que eso es una crisis muy fuerte a todos los niveles. La irrupción de la sexualidad adulta es traumática siempre. No se trata de que te lo pases bien o mal en la cama. Se trata de que, de pronto, en la adolescencia aparece la irrupción de la pulsión sexual, pierdes tu cuerpo imaginario.Y tratar de continuar sosteniendo que eres el falo del Otro primordial, en el caso de que lo hubieras sido en tanto niño o niña, trae muchos problemas, muchísimos problemas. Baste recordar uno de los caso prínceps de Freud, el caso del pequeño Hans, que Lacan retoma en numerosas ocasiones a lo largo de sus enseñanzas.

-Muchas personas, más que responsabilizarse de lo que les ocurre -o, al menos, de las respuestas que dan a lo que les ocurre- se instalan en la queja o en anclar sus crisis siempre en el lugar del otro. ¿De qué manera está implicado un sujeto en las crisis que atraviesa?

-Mira, hay personas que se pasan toda la vida deslizándose como si fueran en la alfombra de Aladino: no les pasa nada. No les pasa nada, no hacen ningún acto, no tienen ninguna crisis. Desde mi punto de vista es una vida un poco plana, pero hay muchísima gente que pasa así por su vida. ¡Y creo que cada vez más! El sufrimiento infligido por otro puede cruzarse -más allá del dolor y de la pérdida narcisista- con algo que toque la homeostasis deseante de alguien. Por ejemplo, mujeres que llegan a la consulta en una situación de estrago brutal por una ruptura. Cuando empiezan a hablar de la relación que tenían con un hombre, yo como mujer y como psicoanalista pienso: “¡qué bien que se lo haya sacado de encima!”. Puedo tener mis pensamientos siempre que no se los meta en la cabeza del otro. Recuerdo ahora en un caso en particular de una mujer que se encontraba en un momento límite. Si hubiera ido al hospital le hubieran dado antidepresivos por un tubo. En ese caso podríamos decir, siempre entre comillas, que la causa es del otro. Digamos, en cualquier caso, que el otro ha funcionado como agente de una causa que tendremos que ir situando en el análisis de esta mujer.

-Lacan subraya en La ciencia y la verdad, usted lo evocaba hace un momento: “de nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”. ¿Cómo se puede entender esta frase si la pensamos en relación con un momento de crisis surgido de un acontecimiento que puede resultar traumático como un accidente, algo totalmente contingente?

-Es muy complejo lo que pides como respuesta. Hay una idea de que la contingencia es: “hoy hace sol y me voy a la playa”. Contingencia también puede ser un mal encuentro. Contingencia es lo que no está escrito en la espalda de cada uno. Es verdad que desde el discurso social hay el delirio de que todos tenemos que ser felices, triunfadores y autosuficientes. Es verdad que han aparecido todos estos aparatos psicológicos que van al pie del accidente, al pie de los cadáveres. Se presentan allí inmediatamente para que les hablen y para cerrar el trauma. Aún hay cosas muy oscuras y perniciosas en todo eso. No sabemos todavía el efecto que esto causa en la gente. ¡No tenemos ni idea! Me parece que debe ser un horror que a alguien que acaba de perder en un accidente de avión a su mujer y sus dos hijos se le tire encima un sujeto voraz habitado por una pulsión de dominio para que le hable de lo que le pasa. Tú lo has dicho muy bien: el trauma requiere dos tiempos. Y a veces para que un trauma actual -si lo tomamos como un S2- haga conexión con un Si pueden pasar años.

-Jacques-Alain Miller nos dice: “Una crisis es lo real desencadenado, imposible de dominar”.

– Esta es una definición de crisis que no es la de la psicología, que no es la de la sociología y está muy bien acotada. ¿Qué entendemos por crisis desde el psicoanálisis lacaniano? La irrupción de un real que no se puede dominar. Ahí tenemos, exactamente, lo que es una crisis para el psicoanálisis. El hecho de que no sea un semblante del psicoanálisis no quiere decir que el psicoanálisis no pueda hacerlo suyo. Crisis es un semblante en extensión, está por todos lados. Me parece que lo que hace aquí Miller es acotarlo. Lo acota y dice: Sí, para el psicoanálisis la significación o el significante de crisis en intensión es una irrupción de un real imposible de dominar.Y ahí tenemos un valor analítico del semblante crisis.

-Quizás la estructura de la psicosis pueda contarnos mucho acerca de esto. ¿Qué nos muestra la locura sobre las crisis?

– No solamente la psicosis. Actualmente nos encontramos con una serie de acontecimientos de cuerpo que no tienen ninguna explicación médica, que emergen de manera repentina como una pandemia social y luego desaparecen. La fibromialgia, por ejemplo. La fibromialgia no la podemos equiparar a la psicosis. De pronto, ahí hay un real.Y es bien real porque además afecta orgánicamente al cuerpo. A la vez, en muchos casos de fibromialgia, no hay daño orgánico. Hay un libro sensacional, un ejemplo clínico de una mujer, una política, que cae bajo la fibromialgia. En ese libro se ven muy bien los elementos simbólicos de su historia que se repiten en una determinada coyuntura. Ella explica en un libro que escribió que se cura de la fibromialgia.Y es una mujer neurótica.

-¿Y qué se podría decir en el caso de la psicosis?

-Lo primero que hay que decir es que la psicosis es un sufrimiento terrible.

Después habría que ver caso por caso. Para estar acorde con lo que les ocurre a los cuerpos en la actualidad y teniendo en cuenta los nuevos paradigmas en los que nos movemos con la conceptualización del sinthome, habría que ver cual de los tres registros toca este real que irrumpe. No es lo mismo alguien que venga a nuestra consulta con un delirio hipocondríaco, que alguien que viene para hacerte partícipe que hay toda una organización que esta dispuesta a acabar con la tierra.Vas a tratar de manera distinta al delirio hipocondríaco -que afecta directamente el cuerpo- que a alguien que viene a hacerte partícipe de que si

le ayudas puede salvar y crear un nuevo orden del mundo. Depende, entonces, de cómo se presenta este real.

-¿De qué manera el psicoanálisis puede suponer un tratamiento de los momentos de crisis y los malestares que estos conllevan?

– El psicoanálisis es una práctica clínica, un artificio de palabra y de lenguaje que apunta a un real porque lo incluye en su discurso. Es evidente que si hay una irrupción de un real, si alguien viene a verte porque lo real ha irrumpido, es seguro que no vendrá en un estado óptimo. Hay que ver cada caso, pero de entrada quizás habría que tratar de velar un poco ese real. Si se produce un psicoanálisis hasta su fin, ese real se va a desvelar al final, pero no es lo mismo hacer un tratamiento psicoanalítico bajo transferencia sobre este real, a que este real te caiga encima. No todas las personas que van a buscar a un psicoanalista lo hacen porque han tenido un encuentro con lo real. A veces tienen síntomas, inhibiciones, desamores u otro tipo de problemas.

-Otro tratamiento de la crisis puede ser el arte. Lacan toma en varios momentos de su enseñanza obras de artistas muy diversos para guiarnos en lo que nos quiere contar. Shakespeare, ya desde Freud, ha sido uno de los literatos que el psicoanálisis toma muy en cuenta. ¿Qué nos puede enseñar Hamlet, por ejemplo, sobre la crisis?

-¡Harnlet nos enseña muchísimo! Lacan toma a Harnlet como un sujeto moderno. Nos habla del inicio de un sujeto moderno, de un sujeto que está totalmente embarazado con su deseo y con la imposibilidad de hacer un acto. Hamlet nos habla de la relación del sujeto moderno con su deseo. Dicho en términos más actuales podríamos decir que Harnlet es un ejemplo de lo que Lacan planteará cuando años mas tarde indique que para un sujeto es posible “ir del padre a lo peor”. Lo digo en términos no demasiado rigurosos, pues también hay otra opción para el sujeto moderno que es una variante de esta: “pasar del Nombre del Padre a condición de servirse de él”. Se tome una opción o se tome la otra, la vida es distinta.

-¿Y qué nos enseña específicamente la tragedia de Hamlet?

-Harnlet termina como termina. Es la tragedia de la crisis del deseo. Es la subjetividad moderna. El cogito cartesiano: “pienso, luego existo”, produjo una subjetividad que antes no existía y de la cual todavía bebemos hoy en día. Hablar de una crisis del deseo quiere decir que se introduce con relación al acto una vacilación que no concluye nunca. Eso es lo que quiere decir una crisis del deseo. Como esa vacilación no concluye nunca, la única manera de hacerlo es con la muerte. En la otra excepción: “pasar del padre -pasar en el sentido del amor al padre, la venganza por el padre, el padre humillado, y todos los padres que nos ofrece la literatura y la vida real-, a condición de servirse de él” no lleva a lo peor entendido como una vacilación infinita del deseo con relación al acto que no puede cumplirse. Llevará a otras cosas, pero no a la muerte que es la separación radical con la cadena significante.

-¿Qué quiere decir “a condición de servirse de él”?

-¿Se podría decir, por ejemplo, que Freud pasó del padre a condición de servirse de él? Los últimos textos de Freud: Moisés y el monoteísmo, por ejemplo, más bien nos dicen que no. El padre, para él, era un objeto a salvar. Eso no le impidió descubrir el psicoanálisis. Tampoco le impidió ser un hápax en el mar de los discursos, una excepción en el mundo. No hay dos Freud. Podemos pensar en las vacilaciones, en todo lo que es tan fácil de criticar cuando el trabajo lo ha hecho otro, hasta donde llegó, hasta donde no llegó, toda esta psicología barata sobre Freud, pero lo que es evidente es que Freud fue más allá del padre. Así pues, se sirvió de él.

-Desde 1940 hasta hoy la lectura que hizo el filósofo Walter Benjamin de un cuadro de Paul Klee, Angelus Novus, ha inspirado a varios artistas y pensadores. Entre ellos a la artista norteamericana Laurie Anderson que tiene una canción que se titula The Dream Before. En esta canción escribe esta estrofa:

“Ella dijo: ¿Cuál es la historia?

y él dijo: La historia es un ángel que es empujado hacia el futuro. Él dijo: La historia es un montón de escombros.

Yel ángel quiere volver y arreglar las cosas.

Reparar las cosas destrozadas.

Pero un huracán sopla desde el Paraíso.

Yel huracán empuja al ángel hacia el futuro. Y ese huracán,

ese huracán se llama progreso”.

¿Qué le sugieren estas palabras?

-Creo que con tu lectura que yo no conocía no basta para hacer un análisis exhaustivo. Pero para decir algo, si tomamos la idea de progreso tal como se entiende en el discurso social -para el psicoanálisis tal cosa no existe-, vemos que está hecha de rupturas. Y es verdad que no hay progreso sin rupturas. La metáfora del huracán es una metáfora de corte. La estrofa que has leído lo que nos dice es: ¡dejemos de ser melancólicos! ¿El ángel que viene a dejarlo todo como estaba? ¡Eso es la muerte! El ángel, para empezar, es una figura que no tiene sexo. ¡Pues vamos bien! Viene un huracán, pero algo sacaremos de nuevo. Eso no quiere decir que sea un progreso, pero sí que algo nuevo habrá. Apostar por lo nuevo. ¿Acaso no es eso por lo que apostamos en el psicoanálisis?

-El psicoanálisis no cree en el progreso. ¿Por qué?

-El progreso parte de la idea de que siempre se irá a mejor, pero el psicoanálisis no vende que todo irá a mejor. No lo dice así, entre otras cosas, porque tiene en cuenta la pulsión de muerte, este goce sin ley que actúa contra cada uno de nosotros y que nos habita Vender que todo irá a mejor es una estafa, una verdadera estafa. Si pensamos en todo el trabajo que ha hecho Lacan y también Miller, y vuelvo aquí a la idea del sinthome, sabes que allí hay un resto que no va a progresar para ningún lado. Así pues: mejor que cada quien lo tenga claro y que trate de saber hacer con eso de la buena manera que siempre será única.

rm-calvet@powercorreo.com
maberca@gmail.com

Notas

1Rosa Calvet es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP). Marta Berenguer es periodista, socia de la sede de Cataluña de la ELP y participante en el Instituto del Campo Freudiano .

Entrevista realizada en julio de 2015 de cara a las XIV Jornadas de la ELP, “Crisis. ¿Qué dicen los psicoanalistas?”

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