De la industria de la imagen a los usos del soñar

Fabian Fajnwaks


Freudiana (José Ramón Ubieto, JRU): ¿Por qué te parece que lo neuro se ha constituido hoy como un verdadero significante amo de la época?

Fabián Fajnwaks (FF). En efecto, el prefijo “neuro” que vemos desfilar acoplado a todo tipo de significantes, “neuropsiquiatría”, “neuromarketing”, “neuro- ley” se ha vuelto un significante amo hoy. Nombra la esperanza de encontrar, porque por el momento no se ha encontrado nada consistente, el fundamento de la gran parte de comportamientos humanos en el cerebro, especialmente en la amígdala cerebral y en la glía, zonas que no han sido aun muy exploradas. Nikolas Rose del King’s College de Londres, un sociólogo foucaultiano que ha investigado mucho sobre este punto preciso, habla en efecto de la constitución de una nueva “ontología” neurocientífica que implica una mutación a la vez conceptual, tecnológica, económica y biopolítica, que ha permitido a las neurociencias ganar un espacio mas allá del simple espacio académico1. Las técnicas de visualización cerebrales y su supuesto efecto de objetividad son problemáticas, pero esto no ha impedido desde la utilización de la observación por resonancia magnética, hasta el escáner actual, de erigir en axioma el principio de que “a todo estado mental y a todo comportamiento asociado a este estado debe corresponder un lazo con un proceso neuromolecular potencialmente observable”. A partir de aquí se ve prácticamente casi lo que se quiere ver, con el riesgo del desarrollo de una verdadera “industria de la imagen” que se apoya en una fetichización, que no es muy distinta de la de los frenólogos del siglo XIX.

Se interesa Rose en el gran desplazamiento que ha llevado en ciencias sociales a la caída del prefijo “psico” (con la amplitud epistemológica que este significante tenía para explicar una serie de comportamientos humanos y una forma de gobernabilidad), en beneficio del prefijo “neuro”, que determina hoy el paradigma biológico cada vez mas afirmado, incluso en ciencia sociales. El término mismo de “comportamiento” es vago, ya que por comportamiento podemos entender muchas cosas, según donde pongamos el cursor que permite definirlo: los comportamientos frente al consumo en el marketing, los comportamientos en economía, o en situaciones de urgencia. En Justicia penal el uso de las neurociencias es aún limitado y no se da un privilegio particular a los argumentos neurocientíficos frente a los de la psiquiatría, la psicología o la sociología. Aunque se ha observado últimamente, sobre todo en el Reino Unido y en los Estados Unidos, un rápido ascenso en círculos jurídicos de la noción de predisposición, de la predicción de comportamientos delictivos y del principio de precaución, aplicables para la detección temprana de “pre- criminales” y “pre-delincuentes”, a partir del principio de “screen and intervene” (escanear e intervenir). Este ascenso ha sido acompañado también de múltiples reservas y criticas que no han logrado, por ahora, detener lo que se presenta como un irresistible ascenso.

Evidentemente que se trata de una forma de control de masas, y no sorprende entonces, que sea un foucaultiano quien denuncie esta promoción del significante “neuro” al estatuto de S1. Y no solamente en ciencias sociales, sino en lo social y lo político también, ya que los políticos aman las neurociencias, tal como lo hemos podido verificar recientemente en Francia, donde el ministro de Educación ha nombrado a la cabeza del Consejo Nacional de Educación a Stanislas Dehaene, titular de la cátedra de neurociencias en el prestigioso Collège de France. ¿Por qué este ascenso? Lo hemos visto en 2015 con el acogimiento reservado que tuvo la 5a edición del DSM y el consecuente lanzamiento del Brain project por la administración Obama. Frente a la inconsistencia de la psiquiatría para poder constituir clasificaciones más allá de síndromes, que reagrupan síntomas reducidos a trastornos observables y reactivos a la medicación (del tipo de “el trastorno depresivo mayor es lo que tratan los antidepresores”), los científicos se han volcado a buscar en el cerebro mismo las pruebas que les faltan para explicar las enfermedades mentales: esquizofrenia, autismo, paranoia y otras. Todas, de hecho. Ninguna lesión orgánica ha sido observada nunca a nivel cerebral para explicar la psicopatología, pero nuestros colegas neurocientíficos juegan la gran última carta de la observación neuronal directa. Veremos que encuentran.

Freudiana (JRU): Y ¿crees que hay conexión con otro S1 actual: la red?

FF: La analogía con la red, a nivel neuronal, como significante amo de la época, por supuesto existen relaciones, pero funcionan más bien en el otro sentido. Los ingenieros de Google se interesan en las sinapsis neuronales para intentar explicar cómo los algoritmos programados para crear relaciones en lo que se llama Inteligencia artificial, lo hacen, ya que lo ignoran aún. La plasticidad neuronal sirve entonces de modelo para el desarrollo de redes y de conexiones algorítmicas. Se ve como la plasticidad neuronal, que busca explicar una buena parte de lo que se ignora en neurociencias, funciona casi en espejo con la ignorancia de los ingenieros matemáticos en poder explicar la cúpula y el desarrollo de redes a partir de algoritmos de aprendizaje en “machine learning”.

Freudiana (Héctor García de Frutos, HG). Si seguimos el título del Congreso PIPOL 9, podemos afirmar que no hay relación entre el objeto del neurocientífico (el cerebro) y el objeto de la indagación psicoanalítica (el inconsciente). Sin embargo, una no relación no desemboca forzosamente en una ausencia de lazo.

Por otra parte, Lacan nunca renunció a conversar con estudiosos de otras disciplinas, desde biólogos a sinólogos, pasando por matemáticos. ¿Es bienvenido que el psicoanalista de orientación lacaniana converse con neurocientíficos? ¿En qué términos?

FF: Por supuesto. Existen psicoanalistas que han logrado crear un campo de intercambio y de diálogo entre las dos disciplinas. Se ha creado un lazo sin que haya, como usted afirma siguiendo el tema del Congreso, necesariamente una relación entre el cerebro y el Inconsciente.

¿Logrará este lazo, realmente, sensibilizar a los neurocientíficos sobre la existencia del Inconsciente? ¿Hará vacilar su certidumbre y la voluntad de quererlo visualizar en el escáner a través de sus efectos, siendo algo que no podrá verdaderamente ser observado nunca, porque la experiencia del inconsciente es del orden de la palabra y de la escucha y no de la imagen? ¿Superar este “gap” de estructura? Recordemos que eso llevó a Freud a romper con el modelo organicista de la medicina. Efectivamente, hacen falta términos mínimos para conversar, como usted lo señala. No estoy seguro que estén presentes en este diálogo, pero no quisiera pecar de escepticismo, evocando el diálogo imposible entre el oso polar y la ballena que Freud citaba en “El malestar en la Cultura”. Quizás el malentendido sea ya el lazo que usted evoca.

Freudiana (HG). La neurociencia, que trata de situar las bases biológicas del comportamiento y la mente, suele concebir la medida, método heredado de la física cuantitativa, como fundamento prínceps de toda ciencia seria. Condición que parece implicar una clase de ontología: sea cual sea la entidad que ocupa mi labor epistémica, esa entidad es medible. ¿Cómo argumentar desde el psicoanálisis que no todo es medible, sin caer en supuestos ontológicos de otra índole?

FF: Creo que el mejor argumento para demostrar que no todos los fenómenos cerebrales son medibles es simplemente reenviar a las neurociencias a sus propios límites. Desde la gran revolución psicofarmacológica moderna que tuvo lugar en 1952 con la aparición de los neurolépticos, y algunos años mas tarde con la aparición de los ansiolíticos y antidepresivos, no se ha encontrado ningún fundamento anatomo-patológico ni etiológico a las patologías mentales. A diferencia de lo que sucede en otras ramas de la medicina, donde la clasificación en nosografía se establece a partir de la anatomo-fisiología, aquí se carece de información, lo que no ha impedido a la psiquiatría proceder a clasificaciones a la manera de lo que acontece en otras zonas de la medicina, sin verdaderamente contar con el mismo método.

Aquellas revoluciones farmacológicas que nombraba entonces, permitieron consagrar a la psiquiatría en su carácter estrictamente médico, pero con el solo inconveniente que las clasificaciones se hicieron en función de las reacciones a los tratamientos, es decir con el solo criterio psicofarmacológico y en ignorancia completa de como estos fármacos actúan. La psiquiatría abandonó progresivamente desde los años ’50 el modelo psicosocial para consagrarse enteramente al paradigma biológico. La psiquiatría biológica intentó crear modelos de trastornos cuyos perfiles eran bastantes inciertos, y a menudo en relación con la neurofarmacología que se fue apoyando cada vez más en los neurotransmisores, sus receptores y los transportes intercelulares. Como lo dice un profesor de psiquiatría de la Universidad de Burdeos, Michel Le Moal, quien participó en el coloquio “Psicoanálisis y neurociencias” que tuvo lugar en el Collège de France en el año 2008 organizado por nuestros colegas de la ECF: un silogismo tomó cuerpo en el momento en que se descubrió el rol de las moléculas psicoactivas sobre los neurotransmisores centrales y sus receptores. Lo que estipulaba que “los neurotransmisores se encuentran entonces implicados en la causa o en la patogenia de los trastornos mentales”, lo que permite a su vez explicar la acción de los fármacos, poniendo en relación los receptores y los síntomas, pero sin que pueda saberse realmente cómo.

En verdad, ningún descubrimiento efectivo se hizo desde los años ’50. La psiquiatría ha acumulado proposiciones de tratamientos en perfecto desconocimiento del origen y de la fisiopatología de los trastornos tratados. Otra dificultad mayor para las neurociencias, es que la psiquiatría sigue siendo una disciplina sin “marcadores” biológicos que permitan reconocer trastornos efectivos a nivel anatómico. Solo se observa en el escáner que ciertas zonas del cerebro se colorean, pero esto ya es un efecto y no la causa del trastorno que se estudia, lo que no se puede ni observar ni medir y aún menos marcar orgánicamente, lo que sí es posible en otras disciplinas médicas. Esta verdadera dificultad, que impide a la neuropsiquiatría avanzar reconociendo trastornos observables o marcadores biológicos que permitan comparar cerebros de pacientes normales y patológicos -como es el caso con otros órganos y con otras mediciones en otras enfermedades (diabetes, colesterol, etc.)-, marca aún un límite en la posibilidad de afirmarse verdaderamente biológica o neuronal. Creen ahora los neurocientíficos haber encontrado una salida a este impasse con el concepto de “plasticidad neuronal”, afirmando que el cerebro y el sistema nervioso se modifican en permanencia, lo que permite bordear la dificultad de marcadores biológicos. La neuroplasticidad tomaría en cuenta el devenir biográfico de un sujeto y la acción del ambiente sobre la biología. Esto les permitió desarrollar un modelo dinámico y evolutivo del cerebro. Pero como lo dice un psicólogo inglés muy interesante, Irving Kirsch (que trabaja actualmente en el departamento de placebos de la Universidad de Harvard porque ha demostrado la ausencia de diferencia de resultado entre los placebos y los anti- depresores, que los grandes laboratorios farmacéuticos escondieron a la FDA y al National Health Mental Institut), la plasticidad neuronal intenta venir en el lugar de la causalidad orgánica que las neurociencias no pueden demostrar.2

Al neo-materialismo neuronal podemos responder con el moterialismo (mot-terialismo) del significante, pero como este no se observa en el escáner, no es seguro que este argumento les convenza…

Freudiana (JRU): El título del congreso ‘El inconsciente y el cerebro: nada en común’ ha sido leído por algunos por el lado de la idealización: si tomamos el cerebro como corporal, parecería que se excluye por completo toda relación del inconsciente con lo orgánico. Sin embargo, tú subrayas que son las neurociencias las que no consiguen decir algo acerca de lo viviente, no alcanzan a conectar el goce con las elucubraciones que hacen sobre la sinapsis. ¿Puedes decirnos algo más al respecto?

F. F.: Lo que es científico, hoy, es lo que es visible, lo que aparece en el escáner. En cambio, el inconsciente, y todo lo que atañe al goce, es una construcción teórica. Esto aparece como un desmentido, como algo que no solo no es científico sino que no resulta viable. Lo que hay que poner de relieve, más allá del fetichismo de la imagen, es que para los neurocientíficos este tipo de fenómenos son reales. Las neurociencias han producido un retorno del materialismo: todos los fenómenos de la psicopatología quedan reducidos a una manifestación real, orgánica, lo cual remite al desarrollo de la neurología en el siglo XIX. Eric Kandel, premio Nobel de medicina en el año 2000, lo dice muy claramente en ‘En busca de la memoria’: las neurociencias son un retorno de la neurología en la medida en que el desarrollo de la neurología quedó detenido en los albores del siglo XX por la falta de desarrollo de la tecnología.3 El desarrollo de las técnicas de Resonancia Magnética en los años 80, y de las Tomografías en los años 90, permitió darle un nuevo impulso a la neurología que se había estancado desde los tiempos de Ramón y Cajal. Añade que la psiquiatría del siglo XX y el psicoanálisis no fueron sino el paréntesis que llenó ese vacío tecnológico que impidió el desarrollo de la neurología. Sin embargo, lo que se colorea en el cerebro es una mostración de los efectos, no de las causas: si tomamos la alucinación, por ejemplo, resulta muy difícil de poder explicar, porque puede visualizarse la zona activada pero no la causa del fenómeno. Lo que dificulta más el diálogo con los neurocientíficos es que para ellos el fenómeno se reduce a lo real: no al de una lesión, puesto que no la hay, sino a una modificación de las conexiones nerviosas. El concepto que explica todo es el de plasticidad neuronal. Es lo que permite salir de la oposición innato-adquirido. Observamos así que toda vivencia es reducida a reconexiones al nivel sináptico, lo cual constituye un aplastamiento de lo real que lo imaginario no hace más que traducir. Es lo que cierra la puerta al inconsciente, y a cualquier tipo de causalidad psíquica.

Freudiana (JRU): Es en este sentido que Jacques-Alain Miller aclara, en el curso que venimos publicando en Freudiana, ‘Causa y consentimiento’, que hay siempre un lapso, un intervalo entre la causa y su efecto, que es dónde situamos el consentimiento.

F. F.: En realidad, el texto de referencia para ellos es el ‘Proyecto de una psicología para neurólogos’. Los psicoanalistas que tratan de establecer un puente con las neurociencias se apoyan en este texto, como hace también Kandel. Pretenden mostrar que Freud ya tenía elaborada una psicología basada en los principios de la ciencia, de la neurología, a partir de la inscripción de la experiencia como huella, como trazo. El único problema es que para Freud, como lo explica Lacan en el seminario 5, la huella es un signo, justamente porque el estímulo ya está ausente. Es lo que le da estatuto de significante a esta huella en Freud. Para ellos es, en cambio, una inscripción real. El sistema que crea Freud en el Proyecto les conviene muy bien porque es un sistema puramente neurológico: una inscripción de trazas que ellos leen como orgánicas, y que determinan el modo en que el sujeto construye los estímulos que provienen del exterior. Lo que no pueden leer es que esta construcción se hace en ausencia del estímulo, es decir ya como significante. Para ellos, en cambio, no hay intervalo: la inscripción de lo que acontece a nivel psíquico no es ya un signo, sino una señal, algo que queda marcado a nivel orgánico. A partir de ahí el malentendido es enorme, porque los caminos se bifurcan: en vez de abrir a una vía simbólica, se quedan con una inscripción real. Hay un abismo entre el acercamiento lingüístico a la alucinación y la perspectiva neuro: no pueden explicar que al sujeto se le presente una palabra que le viene del Otro, que el fenómeno tenga una materialidad significante. Es muy difícil tender un puente que pueda atravesar este abismo.

Freudiana (JRU): En el capítulo titulado ‘De la imagen al significante’, del Seminario 5 sobre “Las formaciones del inconsciente”, Lacan critica a los teóricos de la relación de objeto y señala el interrogante que supone pensar la satisfacción alucinatoria del deseo a partir de una serie de imágenes-huella con las que el sujeto construiría su realidad. Lacan alude al arco reflejo, como modelo de esta especie de respuesta alucinatoria automática. Parece una suerte de antecedente del neuropsicoanálisis, ¡ya en 1957! Poco después, Rof Carballo, un médico español formado en Suiza, publicó el libro “Biología y psicoanálisis”4 que buscaba establecer una primera articulación….

FF.: La disciplina hoy existe: el neuropsicoanálisis, impulsado por Mark Solms, un neuropsicólogo sudafricano que vive en Inglaterra. Defienden una perspectiva monista, encuentran en el organismo el dualismo pulsional de Freud. Defienden, por ejemplo, que los procesos secundarios y el principio de realidad se encuentran en los sistemas de control ejecutivo del lóbulo frontal. Los sueños, las confabulaciones, y otros procesos primarios se encuentran en el ejecutivo frontal y mesocortical. La libido corresponde al sistema dopaminérgico…

Freudiana (JRU): Pero esto, entonces, irá articulado a la medicación…

FF: Parece un delirio, pero ellos creen realizar el sueño de Freud. Creen encontrar el asentamiento biológico del yo, del ello y del superyó. En su sitio web5
explican dónde se ubican cada uno de estos registros de Freud. Vemos a lo que conduce este tipo de aproximación, de abordaje.

Freudiana (JRU): Podemos captar aquí también toda una deriva de la IPA. Su esperanza consiste en llegar a encontrar una fundamentación científica para presentarse ante sus colegas de la psiquiatría y de la neurología con algún tipo de fundamento. Kandel ha sido su gran puerta.

FF: Es lo que decía Miller en su entrevista con Etchegoyen, ‘El silencio roto’6: el psicoanálisis le dice a las neurociencias “te amo”, y éstas responden “revienta, muérete”. Se trata, en último término, de los psicoanalistas que rechazan la causalidad material del significante, el motérialisme.

Freudiana (JRU): En relación al próximo Congreso mundial de la AMP “El sueño: su interpretación y su uso en la cura lacaniana”, ¿Qué nos puedes decir acerca de los límites de la interpretación de los sueños?

FF: Escribí un artículo el año 1995, con motivo de unas jornadas realizadas en la ECF tituladas por Jacques-Alain Miller: “Usted no dice nada”, que es lo que le dice el analizante al analista. Me había encontrado con el comentario que Lacan hace en el seminario “Los desengañados no yerran” de ese texto de Freud de 1925 que se llama “Los límites de lo interpretable”, que forma parte del aditivo que Freud hace a la adición de “La interpretación de los sueños”, junto con “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños” y “El significado ocultista de los sueños”. Freud plantea: “Nuestras actividades espirituales procuran alcanzar una meta útil o bien una ganancia inmediata de placer (…) el soñar es una actividad del segundo tipo”.7

Lacan, en la primera clase de “Los desengañados no yerran” del 20 de noviembre de 1973, dice que este término es el más lacaniano que Freud produce en toda su obra, es decir, la ganancia inmediata de placer, que más se acerca al plus de goce. Lo que dice Freud en ese texto, leído por Lacan, es que el límite de lo interpretable es la ganancia de placer que produce el soñar. Y lo interesante para mí, es que utiliza ese verbo: soñar, no habla del sueño, sino de la actividad onírica. Es lo que se está trabajando en el Seminario del Campo freudiano aquí en Barcelona, es decir el saber como medio de goce, tal como lo dice Lacan en el Seminario 17. Que diga que los límites de lo interpretable en el sueño sea justamente la ganancia de placer, ubica claramente lo que se puede interpretar o no a partir del goce, es decir para qué se sueña, para qué el sueño está hecho. Como si la interpretación que uno podría aportar, estaría no solamente limitada -yo diría determinada- por la ganancia de goce, por el plus de gozar.

Lacan habla incluso de las matemáticas de Freud en este comentario, porque dice que introduce lo que la matemática llama la función y dice que una de las variables de la función puede variar de manera infinita. El hecho que esta variable se modifique, no cambia el valor de la función y Lacan dice que los términos pueden ir cambiando a lo largo del sueño, es decir metáfora y metonimia pueden variar, pero lo que hay que buscar justamente es el goce. Es cierto que Freud lo dice en una línea y es una lectura que Lacan hace de este sueño, pero me parece muy interesante leerlo así, porque creo que limita mucho la interpretación analítica. Es decir, ya estamos en la perspectiva del ultimísimo Lacan, donde la intervención del analista se reduce al equívoco, porque justamente el equívoco busca tocar el goce al servicio del cual funciona el inconsciente. Lo que hace bascular el sueño del inconsciente transferencial, basado en metáfora y metonimia.

Lacan dice en esa clase algo muy sorprendente, dice que metáfora y metonimia, abordadas desde ese ángulo, se reducen a un fenómeno casi imaginario, como despreciándolas, se trata de rebajar esa dimensión simbólica del sueño. Ya Miller en el curso “Los signos del goce”, señalaba que Lacan en los años 70 se pregunta si el inconsciente es imaginario o es real, es decir que saca el inconsciente de la dimensión simbólica con la que lo introduce y acá tenemos una referencia bastante particular, el inconsciente como reducido -metáfora y metonimia como siendo fenómenos imaginarios- a lo real del goce para el cual trabaja el sueño, pero todo esto a partir de esta lectura del texto de Freud.

Y a partir de ahí, vemos cómo el inconsciente pasa efectivamente, de manera sorprendente, a lo real, digamos, de lo simbólico a lo real, pero no como en la psicosis, que es el inconsciente a cielo abierto. Hay que hacer esa diferencia. El inconsciente real aquí como un resto del trabajo simbólico de la interpretación, y la reducción al goce en el análisis. Pasaje de lo simbólico a lo real que está determinado por todo lo simbólico, a diferencia del psicótico -mártir del inconsciente- donde el pasaje de lo simbólico a lo real implica ese inconsciente a cielo abierto.

Freudiana (JRU): Sobre los sueños indescifrables, publicamos en Freudiana tu testimonio,8 ¿qué nos puedes decir de los sueños al final del análisis, que estatuto que tienen estos sueños?

F.F: Me parece que los sueños, al final del análisis, aparecen del lado de la escritura, por eso el desciframiento y la interpretación está limitada y lo que permite ese pasaje a lo que Miller llama el inconsciente real, es la posibilidad tanto de la escritura, algo que se lee como un haiku, es decir como un texto que presenta lo real como carente de sentido y algo que se da a leer, y otra perspectiva. Marie Hélène Brousse lo desarrolló mucho en la Soirée de la AMP en la ECF, como un agujero. Los sueños como inscribiendo más bien un agujero. Eso lo ve uno con los significantes asemánticos que aparecen en los sueños de los AE, como significantes carentes de sentido que vienen ahí a inscribir más bien el agujero, el ejemplo que yo daba en la charla de Barcelona, ese significante “oso”, completamente asemántico, carente de sentido. Eso determina a los sueños ubicándose en el inconsciente real, al final de la cura, como inscribiendo un goce que el trabajo del análisis ha reducido a un núcleo que el sueño, leído ya al final del análisis, intenta inscribir más bien como agujero, como carente de significación. Esto se ve mucho en los sueños de los AE que vienen a certificar, creo yo, primero para el pasante mismo, que hay algo del inconsciente transferencial y de la búsqueda de significación que se da como perdido, y que más bien el sueño se da a leer como un texto, digamos como un haiku que en la tradición oriental aparece más bien como una imagen para nosotros, occidentales. Pero en realidad, el haiku se escribe en la ausencia de sentido que el budismo zen desarrolla, entonces creo que los sueños al final del análisis tienen ese estatuto: de confirmación, primero para el pasante. Ha sido el caso para mí, donde yo había tomado la decisión de terminar el análisis y los sueños han venido a sellar eso y luego, tienen un lugar efectivamente en el testimonio. Incluso los sueños hechos después fueron interesantes porque fueron hechos durante la preparación del testimonio, para la comisión del cartel del pase, y venían justamente a inscribir algo de lo que la misma preparación, en la que me encontraba en esos días del testimonio, encontraba como una firma, una confirmación.

Y los sueños que puedo hacer ahora aparecen, nuevamente, como un texto reducido a lo mínimo, que siguen llegando porque el inconsciente trabaja para esto que Lacan llamaba el desabonamiento del inconsciente, uno ya no busca más sacar sentido de eso. El periódico sigue llegando porque uno está abonado, pero uno lee siempre lo mismo, no puede sacar ninguna información nueva, digamos. En ese sentido entiendo un desabonamiento del inconsciente.

Freudiana (KP): Sabemos que el sueño, como formación del inconsciente, es desplegado mediante el trabajo del inconsciente transferencial, ¿los sueños de los AE son desplegados mediante el trabajo del inconsciente a la transferencia de trabajo en la Escuela?

F.F: Sí, es así como se plantea. La Escuela aparece ahí como un relevo, no como Otro, porque si dijéramos que es Otro al cual uno dirige estos sueños, podríamos volver a introducir algo del inconsciente transferencial, y uno no sueña para la Escuela, pero efectivamente en el mandato de AE hay como un relevo, un lugar que la Escuela toma como transferencia de trabajo que uno tiene. Porque el mandato es de la Escuela hacia el AE. Más allá de que el AE haya hecho el movimiento para pedir el pase, la Escuela funciona para el AE como un relevo, pero no como el Otro de la transferencia, sino como un relevo, que permite justamente declinar este trabajo de lectura que puede hacer de su inconsciente. Y más allá de la Escuela, porque para mí la Escuela es una encarnación del psicoanálisis, hay una relación con el Psicoanálisis mismo. El diálogo del AE, la interlocución del AE con el Otro, es con el psicoanálisis. La Escuela permite encarnar eso, obviamente, permite encarnar el pase también. Pero es únicamente en el marco de la transferencia de trabajo que esto es posible, y del acogimiento que la Escuela hace, como relevo de este trabajo.

La pregunta es, efectivamente: ¿Qué deviene la transferencia de trabajo con el pase? ¿Y con el ultrapase? Porque es cierto que la transferencia de trabajo es un término que Lacan plantea durante los años en que habla del sujeto supuesto saber, en los que habla del algoritmo de la transferencia, en la proposición del pase. Pero la pregunta es, ¿qué deviene la transferencia de trabajo hacia el final de la enseñanza de Lacan? El acento no está puesto en la transmisión sino en la invención, cuando en la jornada sobre la transmisión de la Escuela Freudiana de París, ciertamente en un contexto pesimista de la disolución en el año 1977, dice: no hay transmisión del psicoanálisis, cada psicoanalista debe reinventar el psicoanálisis.

Si tomamos la idea de la reinvención y la perspectiva del sinthome, podríamos decir que esto viene a relativizar la vía de la transmisión del psicoanálisis, incluso por la vía de la transferencia de trabajo, ya que pone al analista más cercano al lugar del artista, el psicoanalista que tiene que reinventar el psicoanálisis, entonces ahí, la transferencia de trabajo creo que encuentra cierto límite. Es cierto que en nuestras Escuelas acentuamos esta dimensión porque creo que el pase introduce esa dinámica, también, de transmisión.

Pero no hay que olvidar una dimensión que le pone límite a la transferencia de trabajo, es la vía de la invención y la posibilidad para cada analista de la Escuela, como decía Lacan, de poder reinventar el psicoanálisis. Que es un poco lo que nos pasa, que es un saber que hay que articular donde ya la referencia viene a respaldar o a apoyar un desarrollo, pero donde la relación al saber establecido cambia.

Freudiana (K.P): ¿Sería más del lado del uso, que es lo que trabajaremos en el próximo Congreso?

FF: Exactamente, del uso y del saber hacer.

fabian.fajnwaks@orange.fr

Notas

*Fabián Fajnwaks es psicoanalista en París. AME de la AMP, de la ECF y de la EOL.
**Entrevista realizada en Barcelona y amablemente revisada por el autor.

1 Rose, Nikolas. Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad en el siglo XXI. UNIPE, La Plata, 2012.
2 Kirsch, Irving. The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth. Basic Books, New York, 2010.
3 Kandel, Eric Richard. En busca de la memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente. Katz, Buenos Aires, 2007.
4 Rof Carballo, Juan. Biología y Psicoanálisis. Desclée De Brouwer, Barcelona, 1992.
5 The neuropsychoanalysus trust (Disponible en Internet).
6 “Entrevista a Jacques-Alain Miller y Horacio Etchegoyen”. Vertex – Revista Argentina de Psiquiatría, no 26, volumen VII, febrero de 1996.
7 Freud, Sigmund. “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto (1925).” Obras Completas. Tomo 19. Amorrortu, Madrid, 2006, p. 129.
8 Fajnwaks, Fabián. “Sueños indescifrables”. Freudiana, no 77-78, 2016, pp. 141-154.

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