La crisis y el tiempo

François Ansermet


Francois Ansermet1

LA CRISIS Y EL TIEMPO2

Centrarse en los “momentos de crisis” implica dos términos: la crisis, por un lado, el tiempo, por otro. Los dos están anudados; una crisis no puede ser pensada sin el tiempo. La crisis tiene una relación particular con el tiempo -un tiempo puesto en crisis.

Crisis y traumatismo

Antes que nada, se trata de volver sobre lo que se considera como crisis. ¿Cómo definirla? Se puede decir que lo que la caracteriza es una ruptura, una desinserción de lo que era, lo que se sostenía hasta el momento. Resulta de ella la irrupción de un real que el sujeto no puede afrontar.

En eso la crisis es próxima al traumatismo, que también procede de un encuentro con lo real, pero un real desvelado por la fractura traumática.

Si crisis y traumatismo pueden ser considerados como dos modos de encuentro con lo real, se puede establecer la hipótesis de que es su relación con el tiempo aquello que los distingue. El traumatismo sume en el terror; la crisis, en cambio, se caracteriza por la angustia. Incluye una tensión temporal, allí donde el traumatismo excluye el tiempo.

La fractura traumática proyecta fuera del tiempo y, a la vez, fuera del lenguaje, fuera del lazo social. Así pues, el traumatismo nos sume en el pasmo, la petrificación, el freezing, la congelación de un tiempo que se inmoviliza. El traumatismo hace desaparecer el tiempo o lo eterniza.

La crisis, por el contario, implica el tiempo. Se establece, en efecto, como una tensión entre diferentes registros temporales. Hay lo que ha tenido lugar. Hay lo que podía haber tenido lugar antes, para evitar lo que ha tenido lugar. Hay, además, lo que no podrá tener lugar ulteriormente, a continuación de lo que ha tenido lugar.

En definitiva, la crisis delimita un momento crucial -el “momento de crisis”- que supone una relación entre lo que pasó, lo que era, lo que resultará de ella. Es decir, en la crisis se juega la doble articulación lacaniana del tiempo, que incluye la anticipación y el apsés-coup. Es un momento en suspenso que implica una espera, en una tensión que puede llegar a ser insoportable.

El tiempo cero

Es lo que Italo Calvino presenta tan bien en Tiempo cero3. Describe la angustia del cazador que acaba de disparar su flecha sobre un león que se precipita sobre él. El arco acaba de aflojarse. La flecha ya ha partido. Está a un tercio de su trayectoria. El león ya ha saltado con la boca abierta de par en par. La situación es de total incertidumbre. ¿Será alcanzado el león por la flecha y caerá al suelo, muerto, listo para ser devorado por los carroñeros? O, por el contrario, ¿fallará la flecha su blanco e hincará el león sus colmillos en la cabeza del cazador, para tragar de un solo bocado sus sesos calientes? Calvino describe este tiempo cero, esta espera, esta incertidumbre absoluta, esta tensión del instante, el instante en suspenso entre el pasado y el futuro -un momento de crisis en que todo puede tumbarse de un lado u otro. Es una suspensión, una espera en la negrura del espacio tiempo, en un segundo infinito en que todo es aún posible. Como escribe Calvino: “en sí, este segundo no existe”4

El tiempo cero está siempre presente potencialmente, entre un pasado infinito y un futuro infinito. Es un instante suspendido, un instante de incertidumbre. No puede uno sustraerse a él. No es posible detenerse en este tiempo cero. ¡Es el momento decisivo -el momento de crisis!

Entre lo que era y lo que será, entre anticipación y aprés-coup, hay un pasaje por un tiempo cero, donde lo que era ya no es, lo que será no es aún. El tiempo cero es una discontinuidad.

La discontinuidad del instante

El momento de la crisis es el de la discontinuidad: una discontinuidad decisiva que se halla en el instante, en cada instante. Es ella la que constituye el corazón del tiempo, su enigma. El tiempo es reconstruido en cada instante del tiempo. La crisis está contenida potencialmente en cada instante. Cada instante es un momento de crisis.

Los relojeros, especialistas del tiempo, se han preocupado de ello. A fuerza de crear relojes, se han dejado llevar a subvertir el tiempo, lentificarlo, acelerarlo, pararlo, velarlo, crear un tiempo imaginario que no existe, hacerlo transcurrir al revés, ponerlo en tensión en cada instante.

Los ejemplos de relojes que trastocan el tiempo se multiplican. Por ejemplo, el reloj “Grandes Horas” de Hermès en el cual la velocidad de las manecillas se puede hacer variar a fin de que el tiempo transcurra más despacio o, por el contrario, más rápido, según se desee lentificar o acelerar el tiempo. O bien el reloj “La llave del tiempo” de Hublot, que posee un mando específico para programarlo según su propio tiempo, un tiempo diferente de los demás. O también la del “Tiempo suspendido” de Hermés, que detiene el tiempo con un simple clic, pone las manecillas en una posición que indica una hora tanto imaginaria como inmóvil, que hace desaparecer el tiempo detrás de una hora que no existe. Está también el reloj de Beat Haldimann en Thun, que no muestra el tiempo que mide, a fin de poder olvidar el tiempo: el transcurso del tiempo queda velado detrás de un cristal de color negro tinta que, con su efecto de espejo, refleja al que lo consulta y el mundo que lo rodea. Un reflejo del mundo que proyecta fuera del tiempo. Mencionemos también el de Romain Jéróme que no indica simplemente la hora, sino que con su movimiento no marca más que la alternancia de los días y las noches a través de dos torbellinos secuenciales. El artista Claudio Parmiggiani ha creado un montaje cuyas manecillas giran al revés, indicando el tiempo que ha sido: ¡un reloj del futuro anterior! Citemos finalmente el reloj del artista Bertrand Planes, que indica el tiempo de vida que se ha recorrido en relación con la duración media de vida, según las estadísticas actuales de longevidad media en Europa. Se ve, pues, en el reloj, el tiempo que nos queda por vivir. Pero en la parte inferior de la esfera, un intermitente indica cada segundo que pasa y vuelve a colocar al que lo mira en el tiempo presente, ante la apuesta del tiempo presente, que se halla allí, a su disposición. ¿Qué hará con él? A cada cual su elección del manejo del segundo ofrecido, a cada cual su manejo del tiempo cero.

Una salida por la crisis

Podría decirse que es en este tiempo cero donde se juega la salida de la crisis. Mas falta constituirla como crisis para salir de ella. Todo se juega entre el instante de ver, de darse cuenta, realizar esta crisis -que se podría llamar “la crisis del momento”5 y un tiempo para comprenderla, que es el “momento de crisis”, propiamente dicho. Pero todo lo que está en juego es una posible salida de la crisis: un momento de concluir6, como momento de salida de la crisis.

Esta salida necesita un acto para interrumpir la repetición, para ir más allá de la tensión de la angustia suscitada por la crisis: un acto que reinicie un comienzo, que reintroduzca la improbabilidad de un devenir abierto otra vez, que ya no esté únicamente determinado por la crisis. La improbabilidad es también la estructura de lo real -lo real tal como lo define Lacan en El Seminario 11, como lo que no está determinado7.

El momento de crisis está, pues, cogido entre dos fuerzas: un pasado que no pasa, que empuja manifestándose en una crisis, y un porvenir cuyo camino está barrado por la crisis. Entre los dos, está el presente, el suspense del presente, que es tanto más crucial cuanto que se trata de un momento de crisis.

¿Cómo salir del presente del momento de crisis? El momento de concluir necesita una anticipación que desemboque en un acto llevado a cabo con precipitación, más allá de toda deliberación8. Este acto permite salir de la tensión temporal de la crisis. Sin este acto, sin esta certidumbre anticipada, el momento de la crisis puede llegar a ser un momento interminable, una crisis infinita, como si el sujeto lo habitara de forma infinita, en una suerte de goce de la crisis.

Apostar por la crisis

Una vez más nos hallamos ante una paradoja. La crisis procede de la fractura de lo real, a través del impacto de un acontecimiento imprevisto, impensable, inexplicable. Pero, en contraposición, la salida de la crisis también se realiza por lo real, apostando por lo real9. Apostar por lo real implica pasar por el T0.Apostar por lo real es también apostar por la crisis.

Esta operación implica otra fuerza que aquella infinita que viene del pasado o aquella también infinita que va hacia el futuro. Esta tercera fuerza es la que Hannah Arendt designa como la fuerza diagonal10, que toma su punto de partida de donde chocan las fuerzas antagonistas que vienen del pasado o intentan ir hacia el porvenir. Podría decirse, pues, que emerge del tiempo cero, del momento de la crisis. Esta fuerza diagonal va hacia lo nuevo, lo diferente.

El tratamiento de la crisis consiste, pues, en explotar la potencialidad de este tiempo cero, T0, de inscribir en ella una fuerza diagonal que haga salir de la repetición del pasado o de la determinación predecible del porvenir, de un porvenir demasiado determinado por el pasado. Se sabe que uno de los riesgos de deriva de ciertas corrientes del psicoanálisis es hacer del psicoanalista un especialista en la predicción del pasado. La orientación lacaniana consiste, por el contrario, en abrir hacia la impredecibilidad del porvenir, a partir de las potencialidades puestas en juego en el momento de crisis.

La fuerza diagonal va hacia lo nuevo: es la fuerza paradójica de la crisis, salida de una brecha en el tiempo, en el corazón del tiempo. Esta brecha en el tiempo es también la brecha del inconsciente atemporal: una discontinuidad temporal como la que introduce el inconsciente tvché11. El inconsciente tyché pone en juego lo no realizado; está vuelto hacia el porvenir. El inconsciente atemporal, adimensional, podría decirse que es tal vez otro nombre de este “noespacio-tiempo” aislado por HannahArendt tanto en la crisis como en la cultura12. Un “no-espacio-tiempo” en el corazón mismo del tiempo, que permite inventar, inventarse más allá de la crisis -inventar el propio porvenir más que estar determinado por el pasado.

Lo que está en juego en esta realización es salir de este tiempo congelado por la crisis, para ir del lado de lo que el sujeto elige. Crisis implica elección, juicio. Implica también un deseo que permita salir del bache temporal de la crisis. Aun sabiendo que no se puede advenir más que de lo que era13. Aún más si se trata de advenir a partir de una crisis. No se la puede borrar, hay que salir de ella.

El “momento de crisis” sería el momento de apropiarse de la CrISIS para hacer de ella un instante decisivo, una ocasión oportuna, pasar del chronos al kairós. Kairós es el dios griego que posee un mechón de pelo y que pasa muy rápido. Cuando pasa, o bien uno no lo ve, o bien uno lo ve pero no hace nada, o bien uno se agarra a su mechón de pelo para irse a otra parte. Esto es lo que está en juego, el kairós del momento de crisis: apropiarse de la crisis, de la contingencia, para inventar algo nuevo, para salir de las casualidades que nos empujan a diestra y siniestra14 y a los cuales se convierte en destino, repetitivo. Lo que está en juego es apropiarse de la contingencia de la crisis para ir a otra parte, para salir, seguir esta fuerza diagonal que se inscribe en el tiempo presente, a partir del tiempo presente de la sesión analítica.

Es lo que está en juego en la cura, en cada sesión de análisis. Cada sesión da acceso a las sorpresas del inconsciente, del inconsciente tyché, del inconsciente real, del real’:’ del que uno se puede servir para crear un cambio, para crear algo nuevo, en base a la crisis que aporta potencialmente cada instante del análisis.

francois.ansermet@hcuge.ch
Traducción de Alín Salom

Notas

1Francois Ansermet es miembro de la École de la Cause Freudienne (ECF) .

2Texto presentado en el XIII Congreso, “Momentos de crisis”, de la New Lacanian School of Psychoanalysis (NLS) , celebrado en Ginebra el 9 y 10 de mayo de 2015.

3Calvino, Italo, Tiempo cero. Barcelona, Minotauro, 1985.

4Op. cit.,p.117.

5 Worms, Frédéric, “Crise du moment”, Entrevista en Fondation Agalma, https://www.youtube.com/watch?v=wDmiP7JPXhc.

6Así pues, la crisis converge con la problemática del tiempo lógico lacaniano, entre el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Lacan,jacques, “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada” (1945), en Escritos. Madrid, Siglo XXI, 1984, pp. 187-203.

7“Lo real [ … ] como lo que no está determinado”. Lacan,jacques, El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 1987,p.30.

8Se vuelve a hallar, respecto a la crisis, este movimiento característico del tiempo lógico, donde el sujeto precipita su juicio a través de “una tensión temporal que determina el momento de concluir”. “El tiempo lógico y el aserto de la certidumbre anticipada”, op. cit., p. 201.

9Ver al respecto : Ansermet, Francois y Borie, Jacques, “Miser sur la contingence”, Pertinences de la psychanalyse appliquée : travaux de l’ École Freudienne réunis par l’Association du Champ Freudien. París, Seuil, 2003, pp. 174-180.

10Hannah Arendt, « Prefacio », Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Barcelona, Península, 1996, p. 18.

11Lacan, Jacques, “El inconsciente freudiano y el nuestro”, capítulo II de El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. cit., pp. 25-36.

12“Este pequeño espacio intemporal, dentro del corazón mismo del tiempo, a diferencia del mundo y la cultura en que hemos nacido, solo puede indicarse, pero no heredarse y transmitirse desde el pasado; cada nueva generación -cada nuevo ser humano, sin duda, en la medida en que se inserte entre el pasado infinito y un futuro infinito, debe descubrirlo de nuevo y pavimentarlo con laboriosidad.” Hannah Arendt, op. cit., p. 19.

13El Wo Es war, soll Ich werden freudiano que Lacan traduce como: “allí donde ello era, allí como sujeto debo advenir yo” . Ver Jacques Lacan, “La ciencia y la verdad” (1966), en Escritos, ed. cit., p. 843.

14“Las casualidades nos empujan a diestra y siniestra, y con ellos construimos nuestro destino, porque somos nosotros quienes lo trenzamos como tal.” Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 23: El sinthome. Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 160. 13. Lacan se orienta en efecto hacia lo real más que al inconsciente. “Yo transmití muchas de estas cosas que se llaman freudianas. [ … ] Pero, en lo que llamo lo real, inventé, porque esto se me impuso…””En otras palabras, la instancia del saber que Freud renueva, quiero decir, innova, con la forma del inconsciente, no supone en absoluto obligatoriamente lo real del que me sirvo.” Ibíd., p.130.

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