La interpretación lacaniana

Pierre-Gilles Guéguen


Pierre-Gilles Guéguen1

LA INTERPRETACIÓN LACANIANA2

Hay una pragmática de la interpretación lacaniana. Produce efectos reconocibles en el sufrimiento de los síntomas, en el goce del cuerpo y en la posición del sujeto en el lazo social. Les propongo que procuremos exponer estos resultados en nuestro próximo Congreso.

La interpretación, en efecto, deshace los embrollos del sujeto en lo simbólico, lo imaginario y lo real del cuerpo. Apunta a lo que se puede “saber-hacer-alil” con lo que quedará en el momento de la conclusión de un ciclo o de una cura llevada a su término. Por lo cual, a lo que conduce es a una forma de satisfacción.

1) El dedo levantado de San Juan

En el escrito “La dirección de la cura” (p. 621), Lacan barría con los programas interpretativos de los pos-freudianos, preguntando: “¿A qué silencio debe obligarse ahora el analista para sacar por encima de ese pantano el dedo levantado del San Juan de Leonardo, para que la interpretación recobre el horizonte deshabitado del ser donde debe desplegarse su virtud alusiva?”

Sin duda Freud ha sido una excepción, ya que no aplicaba ningún programa preestablecido, él inventaba. En una cierta soledad, donde sin duda la pregunta que tenía hasta el último momento sobre las construcciones que elaboraba para el hombre de los lobos, especialmente, en cuanto a saber lo que debía comunicar a su paciente.

Es a través de los pos-freudianos que la interpretación se congeló, se convirtió en una técnica. Lacan trató de evitar que su enseñanza sea transformada en una técnica; nosotros nos esforzamos por estar a la altura de ese deseo y sostenerlo, ya que es una indicación de su parte.

Al comienzo, predicó el silencio del analista, un silencio que no es la boca cerrada, pues al mismo tiempo, indicaba que un analista debía pagar con palabras y con su persona para estar a la altura de su tarea. En efecto, la intervención del analista debe destacarse sobre un fondo de silencio. Pone enjuego las resonancias poéticas en el dicho del analizante y de ese modo “deconstruye” la intencionalidad de su discurso. Produce un vaciamiento: lo agujerea como lo hace la metáfora poética.

2) El arte de la extracción

Aún hay otra cosa en la frase de aires heideggerianos referida al dedo levantado de San Juan de Leonardo Da Vinci: Lacan indica que la interpretación no es un saber que el analista detentaría antes del encuentro con el paciente y que por lo tanto “no hay metalenguaje”, no hay Otro del Otro. La interpretación parte de los dichos del analizante para regresar allí: conviene entonces que el analista opere “entre cita y enigma” por extracción de los significantes del analizante o por ruptura del sentido. Este es el segundo rasgo de la interpretación lacaniana: ella va contra el sentido. En esto va en contra de la transferencia que empuja a la búsqueda de sentido de las formaciones del inconsciente, que empuja también al desplazamiento de la demanda y puede llevar a una suerte de locura que consiste en “preferir sobretodo el inconsciente”. Sin embargo, no descuidemos la transferencia puesto que ella indica la apuesta carnal del analizante en el proceso, ubicando al analista en el lugar de un objeto cualquiera utilizable. Tampoco convendría impedir la asociación libre, bajo el pretexto de ir contra el sentido, tratando de precipitar a través de un forzamiento el momento de concluir propio de cada sujeto.

En el seminario XVIII Lacan precisa lo que formulaba en la “Dirección de la cura”, indicando que lo que se opone verdaderamente al sentido, no es el sin sentido, sino lo que llama la Letra. La interpretación analítica, vista desde este ángulo, apunta a separar eso que se registra como una letra: o sea, el o los significantes a los cuales el sujeto se halla sujetado por las contingencias de su encuentro con el goce. De ahí el esfuerzo de Lacan por acentuar el corte que produce “lo que se lee en lo que se escucha” para el analizan te, sobre el fondo de lo que no puede decirse.

El analista está en el lugar de editor de los dichos del analizante (según una expresión de J.-A. Miller, que para nosotros ha dado en el blanco). Corte, escansión, sesión corta, van en la misma dirección que es también la de la reducción del sentido que el inconsciente, una vez la transferencia se ha instalado, tiende a hacer proliferar. Sin embargo, el corte no es arbitrario. Intenta poner un punto de capitón al encuentro: concluye al mismo tiempo que relanza. Es conclusivo, SI se quiere.

3) El acto cambia al sujeto

A partir de 1967, Lacan substituye el concepto freudiano de interpretación por el de acto. Es un punto de giro en su enseñanza. Incluso cuando por momentos, parece regresar a una concepción anterior. Como J.-A. Miller lo ha denominado de modo sensacional (causó sensación) en 1995: el inconsciente interpreta (ya veces miente).

El psicoanálisis ha cambiado: al psicoanalista le corresponde el acto, es decir, lo que del lado del analista permite la modificación, la reducción algunas veces espectacular, de la relación del sujeto con el goce; relación que nosotros llamamos síntoma. Por otro lado, es en el inconsciente, es decir, del lado del paciente mismo, que en su búsqueda de la verdad y en su manejo del sentido incluso si está impregnado de goce, es dejada la tarea de interpretación del síntoma. Nada impide que el acto del analista sea un acto de lenguaje (en el sentido del filósofo británico J.-L. Austin) pero nada lo prescribe. Lo veo sobretodo como un acto que deja vía libre al inconsciente del paciente en lugar de una dirección (Éric Laurent lo señalaba en el n° 8 de LNA a propósito del autismo en el artículo “La cifra del autismo”).

La interpretación lacaniana aparecería fundamentalmente como el hecho de tomar nota de un decir del paciente que cambia el síntoma. La persona del analista, su saber supuesto, desaparecen ante su saber hacer con la transferencia del analizante, poniendo a trabajar la pulsión en la sesión. Cada analizante es ante todo un sin techo, un sujeto en estado de precariedad; el psicoanálisis le da una dirección, una residencia, un lugar donde alojar su lengua. Debe devolverle al analizante, que se compromete a ir suficientemente lejos en la experiencia, que su lalengua es un velo arrojado sobre el agujero del trauma: un Sl.

4) Más allá del inconsciente transferencial

El último Lacan nos introduce en una vía en la que varios años después, J.-A. Miller nos invita a seguirlo: la del último, ultimísimo Lacan. Señala que el inconsciente intérprete que permite la modificación del síntoma (es decir, la regulación de los cuerpos, goce y lazo social), tiene un límite. Por un lado, el saber que el inconsciente despliega es de poca utilidad si no es para analizar, lo cual significa rectificar bajo transferencia su propio síntoma; y por otro, la polarización unívoca del saber inconsciente por la verdad “para todos” es replanteada por Lacan. ¿Cuál es entonces el lugar de la interpretación?

Lo examinaré primero desde la vertiente de la experiencia que concierne al analizante: Cuando el inconsciente toca lo real (deviene real) me parece que eso designa que el síntoma está suficientemente reducido como para no dar más valor de oráculo a las formaciones del inconsciente y que el sufrimiento del síntoma ha devenido soportable para el cuerpo. Lacan lo evoca por ejemplo, cuando habla del cuarto círculo que es el sinthome.

Del lado del analista, someto a vuestra consideración esta proposición que resumiría su relación con el acto: obra de manera tal que la máxima de tu acto sea no ubicarte en el lugar del inconsciente. Pretende encarnar el lugar vacío que el San Juan de Leonardo designaba, deja al analizante tomar confianza con el sinthome que ha inventado, en el tiempo que pueda.

La apuesta a cara o cruz, como decía Pascal, es en ese caso que el sinthome, invención propia del analizan te, es la mejor manera posible de articular imaginario, simbólico y real, y especialmente, de hacer consistir lo real del goce del cuerpo.

Se puede decir que este es el milagro que se realiza a través de la interpretación lacaniana. Produce el acontecimiento del cuerpo específico que tranquiliza y hace al goce aceptable, vivo, en el registro de la palabra, sostenido en el encuentro de dos cuerpos en el dispositivo freudiano y bajo transferencia. De este modo, permite desabonarse de la búsqueda de sentido que la transferencia inaugura y guía. Lo decimos una vez más y con Lacan, procura al analizante los medios de saber hacer con su sinthome.

pggueguen@orange.fr
Traducción de Patricia Hiffes

Notas

1 Pierre-Gilles Guéguen es psicoanalista, miembro de la École de la Cause Freudienne (ECF).

2 Argumento del VII congreso de la NLS el 9 y 10 de mayo de 2009 – Maison de la Mutualité, Paris.

Bibliografia

J. Lacan, “La dirección de la cura”, Escritos, p. 565.

J. Lacan, “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, Escritos, p. 473.

E. Laurent, “Interpréter la psychose au quotidien”, Mental n° 16. E. Laurent, “Interprétation et vérité”, La Lettre mensuelle n° 137.

J.-A. Miller, “Las contraindicaciones al tratamiento psicoanalítico”, El Caldero de la Escuela n° 69, Publicación de la EOL,junio, 1999.

J.-A. Miller, “La interpretación al revés”, en Entonces Shhh!, Eolia, Buenos Aires, 1996.

J.-A. Miller, “La séance analytique”, La Cause freudienne, nº 46, p. 7.

J.-A. Miller, La orientación lacaniana, Curso “Nullibiété”, clase del 26 de marzo 2008.