Nuevos anudamientos en la época del Uno-solo

Eugenio Díaz


Eugenio Díaz1

NUEVOS ANUDAMIENTOS EN LA ÉPOCA DEL UNO-SOLO

Las consecuencias del paso de la creencia en el Otro (o en el Uno de lo fusional), al imperio del Uno-solo, o lo que es lo mismo, el paso de la regulación del goce vía la lógica universal, al “cada uno a lo suyo y cada uno con su modo de gozar”,2 pueden leerse en ámbitos que afectan directamente al lugar del psicoanálisis en la subjetividad de la época, en su pervivencia y aún también en la idea misma de lazo social.

De un lado, implica una nueva mirada sobre el anudamiento entre episteme, clínica y política, con consecuencias fundamentales en la praxis psicoanalítica. Inconsciente, transferencia o deseo quedan en este recorrido, alterados, perturbados de un sentido unívoco. Sentido que como tal se encuentra en exclusión con el malentendido, que por otro lado es el único modo de atravesar las falacias de la comprensión y de los ideales.

La proliferación del Uno-solo, supone también, una nueva concepción del lazo social, y por tanto del amor, la sexualidad, las instituciones, y de las democracias y sus liderazgos. Una eficacia, por cierto, que no pasa en la actualidad, al menos no del todo, por las identificaciones y el saber, y aún menos por la autoridad (que se sustenta en un decir que sabe de su incompletud), más bien por comunidades constituidas por un rasgo de goce. Lo que sin duda no es lo mismo.

Aquí conviene recordar que el rasgo de goce que hace de “modelo general para la vida cotidiana del siglo XXI”,3 es el de las adicciones. O dicho de otro modo el de las nostalgias de todo tipo, sea de la carretera principal (del Nombre del Padre), del “hay” (la relación sexual, “un pueblo”, “una patria”… ), o del objeto perdido, puesto que las adicciones pueden leerse como “formas extremas de la nostalgia del objeto.”4 La agresividad y las violencias hacia los otros y hacia uno mismo, sean como intención, o como tensión, encuentran aquí su caldo de cultivo.

Cada uno con su modo de gozar, es una modalidad de decir sobre las consecuencias de la inconsistencia estructural que introducen la idea (incluso, mucho más que la idea, la constatación) de que “la relación sexual no existe”, o que “todo el mundo es loco.” Aforismos lacanianos que Miller ha destacado como hilos conductores de la última y la ultimísima enseñanza de Lacan.

Frente a lo traumático del encuentro con el agujero del “no hay”, el parlêtre responde con la soledad de su goce, con el Uno-solo de su delirio, aunque se presente “esencialmente liado en historias.”5 Soledad que no necesariamente impide el vínculo, a condición, eso sí, de que este vínculo incluya, o al menos no segregue, lo más singular de cada uno, su solución sinthomática. Aquella que ha quedado reducida a su repetición, “al choque puro del lenguaje sobre el cuerpo”,6 a la iteración que queda como resto del descifrado del inconsciente.

Comenzaré por la segunda de las vertientes, la que dice de los lazos trastocados por la proliferación auto erótica del Uno-solo.

Los lazos sociales en la época del Uno-solo

Anticipando la preponderancia (y el término mismo) del Uno-solo, Lacan “profetizó” ya desde los primeros tiempos de su enseñanza (aún con las coordenadas de la primacía de lo imaginario y atravesado por el zarpazo de la historia de la primera mitad del siglo pasado), que sería éste (El goce del Uno) el que comandaría los lazos sociales. En un recorrido que va de las consecuencias de la caída de los grandes ideales, entre ellos el del Nombre del Padre, al rebajamiento de la primacía del orden simbólico después, y aún al ascenso al cénit del éxito social del objeto a en la hipermodernidad.

Esta preponderancia del Uno-solo, afecta de manera fundamental a la idea misma de vida en común. Cuanto menos, porque ésta ya no es del todo el modo en que tratamos de estar los unos con los otros, sino más se presenta como la modalidad en que los humanos (aquellos vivos que creen que se comunican por padecer del bien del lenguaje) nos las arreglamos para estar separados de los otros, incluso aunque pudiera parecer lo contrario.

Recordaremos aquí el párrafo final de la Tesis V, “Sobre las neurosis modernas y el malestar en la civilización”, del escrito de Lacan La agresividad en psicoanálisis de 1948: “En el hombre liberado de la sociedad moderna vemos que el desgarramiento revela hasta el fondo la más formidable de las cuarteaduras […] sentencia que le condena a la más formidable galera social.”7

Leemos, en la reiteración del “formidable”, que lo mismo que libera al sujeto, y que supuestamente hace avanzar la civilización (palabra que desde Freud no puede escucharse sin incluir su malestar estructural, a riesgo de caer en la tontería de los ideales de la vida plena, de la bella independencia), le amarra “al duro banco” de la repetición, de la pulsión de muerte.

De aquí a la reivindicación del Uno casi como un derecho humano (hedonismo de masas lo llama Éric Laurent), o (al Uno) como culto a la identidad, —lo que supone no soportar los signos del goce del Otro, donde racismo y segregación hincan sus tentáculos—, hay un paso que se autoriza en los desarrollos de la alianza entre la ciencia (o mej or, el cientificismo autoritario) el capitalismo y sus latosas cada vez más tecnológicas, y la burocracia evaluativa.

Las instituciones y las democracias en tanto necesitan de la palabra —incluso aunque lo sea en su faz de fracaso, la única posible por otro lado—, quedan también en esta lógica afectadas.

“Las democracias modernas” —nos recuerda Marie-Hélene Brousse en su intervención en el Foro de Turín en 2017— “encuentran su referencia en el discurso capitalista. Orientadas por la producción y el consumo de masas y en correlación con los saberes científicos, han reemplazado el nombre por el número […] lo que lleva a los Uno-solos hacia un universal que tiende a saturar la falta por el objeto.”8 Y en donde, continúa, “la mayoría en posición de S1 ha reemplazado al padre […] y la exclusión es al Uno que limita al todo.”9 Sin que por ello deje de advertir, “que no hay nada para todos sin estos Unos que no están en el todo.”10

Bien distinto a esta lógica segregativa es el margen de libertad que produce el “savoir y faire con el síntoma”, que escuchamos en los testimonios de pase. Donde captamos en su dimensión de verdad puesta en el acto mismo de la trasmisión, como cada uno puede arreglárselas con lo que ha sido para él la respuesta singular a la existencia.11 Margen de libertad (dicho no sin el temor de su uso),12 que da la posición analizante en la que sujeto queda una vez finalizado su análisis. En una nueva relación con su acto, pues ya no es del orden de una intención del tipo “a eso quiero llegar”, más bien de una constatación, “a eso he llegado, y aún.”

Acto analizante, quizás el único posible que merezca ese nombre. El acto mismo es ese margen de libertad, puesto que sin el Otro (que no es más que una invención) como indica Lacan en su Seminario 23, “el sujeto está condicionado a devenir inventor, y empujado a instrumentalizar el lenguaje.”13

Aún también el amor y la sexualidad quedan trastocados en la época del Uno-solo. El Uno de lo fusional, el Uno de la relación sexual-ideal común, entre otras razones, aunque no solo, por ferocidad del marketing- se desvela ahora como un “Uno que no hay”,14 de cuyas variadas respuestas encontramos buena muestra en la clínica. Por ejemplo en la elección de un hombre por la soledad, identificado a un rasgo de las nuevas modalidades de asociarse, en su caso el de “personas con alta sensibilidad”; o en los encuentros sexuales de una joven que una y otra vez no puede decir no al llamado de casi cualquier hombre, y que le devuelve una palabra: “puta”, con la que sorprendentemente para ella se siente menos sola; u otra mujer que encuentra una satisfacción, de la que dice querer separarse, en su encuentro con los hombres del desamor y en su otra cara con los “imbéciles emocionales”; y aún un hombre cuyo “voyerismo” de los genitales femeninos y lo que los vela, le hace desconocer sobre sus fallidos sexuales.

El nuevo nudo entre episteme, clínica y política para la época del Uno-solo, implica el del sinthome

En lo que va de “la relación sexual no existe” al “Hay Uno” (solidario con el Otro no existe), podemos ver la dimensión que toma un nuevo anudamiento entre episteme, clínica y política.

Así, por ejemplo, la idea de interpretación queda profundamente alterada, puesto que cualquier (interpretación) que no sea la del inconsciente, añade un sentido, que no es sino creencia en el Otro, que es sexual en la interpretación freudiana, y que señala “la no relación” en la interpretación lacaniana15 como lo que da a ver sin demanda alguna de respuesta.

De esta nueva concepción de la interpretación, ya no del lado del inconsciente transferencial, y que es a lo que llama Lacan inconsciente real, se deriva por ejemplo y entre otras cosas, un nuevo lugar para el silencio del analista. Ya no se trata de un saber oculto del analista (que supone aún la existencia del Otro), se trata más bien de un silencio que evoca que en tanto es el inconsciente el que interpreta se está en los límites mismos de la palabra, y donde la del analista como mucho puede ser la de la introducción de un vacío, de una reducción al Uno, a un S1 sin S2, es decir sin el significante que cierra el sentido. Reducción del dos al uno, reducción del lugar del lenguaje y la comunicación, como amos de la intersubjetividad, hasta llevar a dejarlo (al lenguaje) como pura elucubración de lengua solitaria del parlêtre, su lalangue.

Ya no es entonces “¿qué quiere decir eso?”, más bien es “¿qué goza ahí en tu lalangue?”, lo que evoca el silencio. Y las eventuales palabras del analista apuntarán a saber con qué el sujeto hace lazo.16 Lo que a su vez implica la separación del desciframiento y la aparición del cuerpo y su goce. Del goce como sustancia gozante.

En cuanto a la transferencia, un desplazamiento más aún del paso del Sujeto supuesto Saber a objeto. El analista sabiendo que el objeto es semblante, lo encarna, literalmente le pone la carne. “El analista” —señala Miller en Los usos del lapso— “está a título de su encarnación y no del saber que tendría, del saber inconsciente del sujeto.”17

Un poner la carne entonces que permite evocar lo que va del goce de la palabra, al goce del cuerpo que es “el que sustenta el sinthome’18 consistencia de la marcas en el cuerpo de la pasión de lalangue.

¿Y el deseo? Con el Uno-solo, su lógica no se sitúa tanto como deseo del Otro, ni tampoco del todo entre insatisfacción e imposibilidad, más bien en los confines de un goce solitario.

Así, en la época del Uno-solo, el deseo más allá de su excentricidad estructural, es confundido a menudo con el capricho contumaz (cercano a cierta salida cínica). Este desbroce, nada moral, al que un análisis apunta en relación al deseo, supone pensarlo —más allá de la voluntad o de una supuesta pureza—, como un “saber y hacer” con eso, que siendo una solución fallida, no deja de ser lo que permite al sujeto hacer lazo: el síntoma como sinthome, es decir separado ya de las cadenas del sentido. Sustituto de la fórmula del amor, es lo que permite al goce, en tanto saber hacer con él, condescender al deseo.

Entonces aquí, la política del psicoanálisis es la del síntoma ya en su vertiente de invención. Invención de un lazo entre unos solos, es decir, cada uno con su sinthome.

Fracasada sin remedio la solución sintomática, entonces queda el sinthome, que en tanto (y porque) incluye lo ilegible, permite un nuevo anudamiento para saber hacer con el goce propio ligado a la vida.

ediapfre@copc.cat

Notas

1Eugenio Díaz es psicoanalista en Barcelona, AME de la AMP y de la ELP.

2Miller, Jacques-Alain. “Las profecías de Lacan. Entrevista a Jacques-Alain Miller.” Psicoanálisis inédito, 18 de agosto de 2011 (Disponible en internet).

3Ibid.

4Díaz, Eugenio. “Consumidores de nostalgias y el vértigo de la mirada hiperrnoderna” Sin límites: Conductas de riesgo. Colección Mundo Psicoanalítico, Pomaire, Venezuela, 2012, p. 21.

5Miller, Jacques-Alain. “La palabra que hiere.” Freudiana, n° 64, p. 51.

6Miller, Jacques-Alain. “Leer un síntoma.” Lacaniana, n° 12, p. 18.

7Lacan, Jacques. “La agresividad en psicoanálisis.” Escritos 1. Siglo XXI, Madrid, 20l3, p. 127.

8Brousse, Maríe-Hélene. “Democracias sin padre”, Blog ZADIG-España, 20 de enero de 2018 (Disponible en Internet).

9Ibid.

10Ibid.

11Tarrab, Mauricio. “Prólogo.” En La escritura y el silencio (voz y letra en un análisis), Viera, Marcus André. Tres Haches, Buenos Aires, 2018, p. 8.

12Lacan, Jacques. “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma.” Intervenciones y textos 2. Buenos Aires, Manantial, 1988, p. 121: “Cualquiera sea nuestra pretendida libertad —pues en esa libertad es imposible creer— resulta claro que no podemos barrer con lo que es nuestra experiencia.”

13Miller, Jacques-Alain. “La invención psicótica.” Cuadernos de Psicoanálisis, n° 30, p. 65.

14Miller, Jacques-Alain. Los signos del goce. Buenos Aires, Paidós, 1998, p. 82.

15Miller, Jacques-Alain. “La palabra que hiere”, op cit., p. 50.

16Salman, Silvia. “Las singularidades del Uno.” Blog de la NEL-Bogotá, marzo de 2013, (Disponible en internet).

17Miller, Jacques-Alain. Los usos del lapso. Paidós, Buenos Aries, 2004, p. 22.

18Di Ciaccia, Antonio. “La transferencia en el siglo XXI.” El Psicoanálisis, n° 32, p. 118.

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